Cómo empezar hábitos más saludables y conseguir un vientre plano
Estos tiempos tan extraños nos han hecho darnos cuenta, más que nunca, de la importancia de la salud. Y no sólo como ausencia de enfermedad, sino también de manera preventiva e incluso de disfrute. Un estilo de vida saludable y activo tiene numerosos beneficios.
Por ejemplo, el ejercicio físico segrega endorfinas, que te hacen sentir mejor. De ahí la conocida frase de “me siento como nueva después de una sesión en el gimnasio”. Y quien dice gimnasio dice una piscina en la que poder hacer unos buenos largos, una carrera, un estudio de yoga, un ring de boxeo, un rocódromo o la actividad que más te guste.
También está demostrado que el deporte contribuye a conseguir un sueño más regular, profundo y reparador. Incluso refuerza los lazos sociales entre aquellos que lo practican juntos. Unido a unos buenos hábitos de descanso y una alimentación equilibrada, constituye el pilar hacia un estilo de vida más saludable.
Tú también puedes hacerlo, sin lugar a dudas. Pon en práctica estos consejos y verás cómo, en cuestión de días, te sentirás mejor y apreciarás cómo tu cuerpo se vuelve más fuerte, más flexible, más enérgico y responde mucho mejor a tus demandas. No se trata sólo de adelgazar o de tener objetivos irreales basados en el aspecto de otras personas, sino de sacar la mejor versión de ti misma.
1. Empieza poco a poco
A menudo pensamos que existe un día perfecto en el calendario (normalmente, un lunes) para comenzar con todo. El domingo estabas desayunando churros con chocolate y con plan de tarde de peli, manta y sofá, pero de repente el lunes eres la persona más deportista del mundo. La realidad es que uno no se transforma de la noche a la mañana y que nunca va a existir el día perfecto para comenzar con tu plan.
Siempre hay jornadas de trabajo que se alargan más de la cuenta, niños que atender, compras por hacer, cansancio acumulado, imprevistos... Por eso es irreal pensar en el día ideal o creer que todo empieza de golpe.
Se trata de ir incorporando nuevos hábitos progresivamente. Si tu actual estilo de vida es más sedentario de lo que debería ser, empieza moviéndote dos o tres días por semana. Aunque te pueda parecer que con eso no haces nada, en realidad estarás rompiendo una dinámica y dejando hueco para otra.
Al principio, lo importante es dejar que el ejercicio se cuele en tu vida, y un poco más adelante ya irá expandiéndose en ella.
2. Revisa tu despensa
Lo mismo ocurre con la alimentación. De ella dependerá la mayor parte del éxito de tu plan. Por tanto, abre los armarios, observa tu nevera y revisa si lo que hay ahí ayuda a que consigas tus objetivos o, por el contrario, lo boicotea.
Para eso es muy útil que te preguntes: “Esto, ¿para qué lo tengo exactamente?”. Si no encuentras la respuesta o usas más de una vez el comodín de “para cuando vengan las visitas”, deshazte de él.
Cuantos menos productos procesados tengas, menos probabilidades de caer en la tentación. Eso no significa que te castigues con comida que no te gusta, sino de encontrar alternativas saludables que vayan contigo.
Ten en cuenta dos cosas: las dietas no constituyen una alimentación saludable, y el mejor plan de comidas es el que se adapta tanto a tus gustos como a tu estilo de vida. De nada vale que se lo hayas copiado a la instagramer de turno si tú no puedes pasarte dos horas en la cocina cada mañana o si tienes que irte al otro extremo de la ciudad a por ese ingrediente estrella.
La personalización es la clave.
3. Encuentra tu deporte
La misma regla de la alimentación puede aplicarse al ejercicio.
Puede que un deporte en concreto esté muy de moda, que lo practiquen en todos los gimnasios y lo recomienden los mayores gurús del fitness. Pero si no se adapta a tus gustos y necesidades, no vale de nada.
Cada uno de nosotros cuenta con un historial distinto: genética, lesiones, características... y cada cual tiene sus propios objetivos y sus tiempos para conseguirlo.
Además, para conseguir que esa práctica forme parte de tu vida diaria, es indispensable que disfrutes con ella. De lo contrario será un castigo y, por tanto, lo abandonarás más temprano que tarde. Y sí: siempre hay un deporte que te resulta más satisfactorio. Buscarlo forma parte del encanto.
4. Descansa
¿Ponerse en forma descansando? Sí. De hecho, a menudo se habla del descanso como el entrenamiento invisible.
Es mientras duermes cuando el cuerpo crea masa muscular, regenera los tejidos y, en pocas palabras, trabaja en los resultados que irás notando poco a poco.
El deporte contribuye a tener una mejor higiene del sueño, pero también es importante que te marques una hora fija de ir a dormir cada noche y no la alteres en más de una hora durante los fines de semana o las vacaciones. Si no, tendrás un perpetuo jet lag que hará mella en ti.
Los pequeños rituales previos a dormir, como leer un rato, ver la televisión, darte una ducha caliente, aplicarte tus productos de belleza o lavarte los dientes, ayudan a que tu cuerpo se prepare para el momento de meterte en la cama.
Se trata de establecer un estímulo-respuesta. Y créenos que funciona.
5. Cambia la perspectiva
A todos nos gusta estar bien físicamente, tener un vientre plano, disponer de más energía y, por supuesto, resultar atractivos a los demás.
La cuestión es hacerlo en base a nuestras características personales y no a la de modelos o patrones irrealizables que sólo crean frustración o una relación obsesiva con la comida o el deporte.
El cambio físico es una consecuencia de una serie de hábitos; una manera que tu cuerpo tiene de decirte “hey, lo estás haciendo mejor”. Céntrate en ellos, y lo demás irá llegando. Si sólo piensas en la meta, no disfrutarás del camino.
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