Cómo debes exfoliar tu cara para prepararte para los rigores del verano
Creatividad: Paula Jara Xelmírez
Con la llegada del calor —ese de verdad, el que te hace sudar hasta pensando—, la piel de la cara se convierte en el primer campo de batalla. Entre el sudor, la crema solar, el aire acondicionado y la polución de la ciudad, no es raro que empiecen a aparecer brillos, granos, poros más visibles y una textura áspera que no sabes de dónde ha salido. La buena noticia: todo eso se puede frenar con un gesto muy simple, eficaz y (oye) hasta placentero si eliges bien el producto. Estamos hablando de la exfoliación facial.
Exfoliar no es una excentricidad ni una moda de TikTok. Es una parte básica de la rutina de cuidado masculino, especialmente cuando se acerca el verano. Lo que hace es eliminar las células muertas que se acumulan en la superficie de la piel y que, si no se retiran, provocan que la piel se vea opaca, poco uniforme e incluso más grasa de lo habitual. Es como darle a tu cara un reset, para que respire mejor y se vea mucho más limpia y luminosa.
Eso sí: aquí no se trata de frotar como si estuvieras lijando una puerta vieja. Hay exfoliantes con gránulos (los clásicos mecánicos), exfoliantes con ácidos suaves (los químicos) y otros que usan enzimas. Lo importante es usarlos con sentido común, no más de dos veces por semana, y acompañarlos siempre de una buena limpieza previa e hidratación posterior. De lo contrario, puedes acabar irritando la piel y provocar el efecto contrario.
Este artículo está pensado para que lo hagas bien desde el principio. Aquí tienes una guía clara, con consejos útiles y una selección de productos de El Corte Inglés para que elijas el que mejor se adapta a tu piel. Porque si vas a exponerte al sol, a las terrazas y a todo lo que implica el verano, al menos hazlo con la cara en condiciones.
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Limpia antes de exfoliar: paso obligatorio
Antes de pensar en exfoliarte, la piel necesita estar limpia. Si te lanzas directamente con el exfoliante sin retirar antes la suciedad, el sudor o los restos de crema solar, lo único que vas a conseguir es arrastrar todo eso y meterlo en los poros. Resultado: piel más sucia y posibilidad de irritaciones o brotes. En resumen, mal.
Usar un buen limpiador facial antes de exfoliar es como precalentar antes de entrenar. Abre el camino, elimina impurezas y deja la piel preparada para recibir los beneficios del exfoliante. ¿Lo ideal? Uno que limpie sin resecar, con ingredientes suaves pero eficaces. Y si además te aporta una sensación refrescante, todavía mejor, sobre todo si tienes pensado usarlo por la mañana. Como todos estos.
02.
Elige el exfoliante que mejor se adapte a tu piel
No todos los exfoliantes son iguales y eso es una gran noticia. Puedes adaptar tu rutina a lo que tu piel realmente necesita. Si tienes la piel sensible, irritarte con productos demasiado agresivos es un error muy común: mejor opta por fórmulas suaves, sin gránulos, con ingredientes calmantes como el aloe o los extractos botánicos. Si tu piel es grasa o con tendencia acneica, lo tuyo son los exfoliantes con ácido salicílico, que limpian los poros en profundidad y ayudan a controlar el exceso de sebo.
Los exfoliantes mecánicos, con microgránulos, siguen siendo una gran opción si no tienes problemas de sensibilidad. Su efecto inmediato se nota al instante y la sensación de limpieza profunda es muy satisfactoria. Pero no abuses: una o dos veces por semana es más que suficiente. Recuerda: el objetivo no es quedarte sin piel, sino renovarla.
03.
Después de exfoliar, hidratar y proteger
La exfoliación deja la piel más receptiva, pero también más expuesta. Por eso, el siguiente paso es clave: hidratar en condiciones. Usar una crema hidratante adecuada va a calmar la piel, devolverle elasticidad y evitar que se reseque o reaccione. Si vas a salir a la calle después, añade protección solar o elige una hidratante con SPF incorporado. La piel recién exfoliada es más sensible a los rayos solares, y una quemadura o una mancha no compensan por muy buena que haya sido la exfoliación.
Busca texturas ligeras, de rápida absorción y que no dejen sensación grasa. Si tu piel es mixta o grasa, las fórmulas en gel o gel-crema suelen ser las más cómodas. Y, si la tienes más seca, puedes optar por algo más nutritivo, pero siempre sin saturar.
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Exfoliar + afeitar: combo ganador (si lo haces bien)
Si sueles afeitarte con frecuencia, deberías saber que hacerlo justo después de exfoliar es una de las mejores decisiones que puedes tomar. ¿Por qué? Porque al eliminar las células muertas y limpiar los poros, el exfoliante deja la piel más lisa, lo que permite que la cuchilla se deslice con menos esfuerzo y menos irritación. Además, ayuda a prevenir los clásicos vellos enquistados y esos molestos granitos que pueden salir al día siguiente. Eso sí, y esto es clave: la exfoliación se hace solo un par de veces a la semana. No más. Si exfolias todos los días antes de afeitarte, lo que conseguirás es debilitar la barrera de la piel… y entonces el afeitado será todo menos placentero.
¿La rutina ideal? Limpias la cara, exfolias suavemente, aclaras con agua templada y, después, te afeitas como siempre. Lo siguiente es aplicar un buen aftershave —y no cualquiera—. Nada de alcohol que pique, reseque o huela a botiquín. Lo que buscas es calmar, hidratar y cerrar poros. Fíjate en bálsamos con aloe vera, provitamina B5, camomila o aceites esenciales suaves. Incluso si no te afeitas, aplicar aftershave después de exfoliar es un truco sencillo para calmar la piel y darle un extra de frescor.
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