‘Butter skin', el acabado de piel jugosa que es tendencia esta primavera
Creatividad: Paula Jara Xelmírez
Las redes sociales han bautizado de forma muy literal la enésima tendencia de la década en el acabado de la piel: butter skin o piel de mantequilla. Un nombre muy gráfico que no deja lugar a dudas de cómo ha de lucir la piel más deseada del momento: jugosa, nutrida y con apariencia untuosa. La naturaleza cremosa de la mantequilla se contagia también al maquillaje, lo que anima a cubrir las mejillas, los párpados y los labios con todas las facetas tiernas y delicadas del amarillo en su versión pastel más naíf, suave y luminosa.
Cómo se hace la tendencia 'butter skin'
Hidratación con productos muy humectantes, una tez de tacto suave y acabado ligeramente perlado, y estratégicos guiños de color amarillo pastel son los tres gestos más efectistas para recrear la tendencia de la butter skin o piel de mantequilla. Así se hace, paso a paso.
Piel cremosa
Adiós, piel mate. Al menos, por el momento. El acabado cremoso, como de mantequilla en punto de pomada a punto de derretirse, es la imagen visual que mejor representa cómo ha de lucir una piel de mantequilla. Lograrlo pasa por hidratar intensamente la piel con activos muy humectantes, como el ácido hialurónico de diferentes pesos moleculares, para que la tasa de humedad se mantenga elevada al máximo tanto en el interior de la piel como en la superficie. También resulta adecuado el colágeno –que puede ser vegano–, "que suaviza visiblemente sin crear reflejos", dicen en Charlotte Tilbury. Las pieles secas y muy secas pueden añadir incluso un paso más: unas gotas de aceite vegetal de jojoba, de una crema con escualano o de manteca de karité, que crean una película de tacto sedoso.
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Tez radiante
Por su elevadísimo contenido en materia grasa (entre el 80 y el 90%), la mantequilla es, por definición, una emulsión aterciopelada, maleable y gustosa al tacto. Además, pasa con facilidad del estado semisólido al cremoso o licuado. Todas estas condiciones nos dan una idea de cómo debe ser el acabado de la piel de mantequilla: luminoso, radiante, jugoso… Suave al tacto, con un acabado perlado que parezca fundirse con la textura natural de la tez. Sobre una piel lisa, perfectamente exfoliada para evitar suciedad incrustada y células muertas, unifica el tono con una base de maquillaje luminosa y poco cubriente y esculpe las mejillas con un colorete en tonos afines al amarillo, como el melocotón o el bronce.
Guiños en amarillo pastel
Las marcas de maquillaje no han dudado en sumarse a la tendencia cromática del momento tiñendo sus propuestas del deseado butter yellow que es tendencia. Sombras de ojos en tonos solares en versión pastel; labiales nude cremosos con reflejos verdes y dorados; gloss y aceites para labios con un twist cítrico o almibarado… Introducir un sutil guiño violeta o púrpura (colores complementarios del amarillo en la rueda cromática) es una forma audaz de aportar un favorecedor contrapunto a un look butter yellow. Para acabar y sublimar aún más ese aspecto jugoso que remite a un lingote de mantequilla fuera de la nevera, aplica sobre todo el rostro con brocha gruesa un fino velo de iluminador en polvo que refleje la luz. "Desliza los polvos por las zonas más oscuras, como las ojeras y las líneas de expresión, para que actúen sobre las sombras", dicen en Charlotte Tilbury.
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